Historias
Lo que quedó después de la visita
Apuntaban el teléfono en un papel de envolver. Nosotras pasamos los encargos de Semana Santa a una libreta con dos columnas. El año siguiente saludé a tres vecinas por el nombre del hijo. Todavía se me olvida el sello si hay cola.
El taller nos hizo ensayar el «¿te apuntamos el encargo del año que viene?» sin parecer pesadas. Mi hija, que cubre los sábados, al principio lo decía demasiado alto. Ahora lo baja cuando hay prisa. No todas las vecinas quieren dejar el número y eso está bien.
Para Sant Magí teníamos el mismo mensaje para turistas y para de siempre. Marta nos hizo dos columnas. Vendimos más ramos el lunes, no el sábado. El recado de WhatsApp salió tarde un día porque se nos olvidó el teléfono del local en casa; eso aún lo tenemos que pulir.
Un caso: encargos de coca en El Serrallo
La panadería de Núria guardaba tres libretas a medias. En la visita de 2025 juntamos los encargos de abril, tachamos duplicados y marcamos quién recogió tarde. El plan de noventa días fue mínimo: sello al cobrar el pan de diario, recado solo a quien había encargado coca el año anterior, y silencio el sábado de fiesta. En 2026 volvieron once encargos con nombre; el año previo eran notas sueltas. No medimos porcentajes: contamos libretas.
Un caso: pasaje de Reus
Cuatro locales compartieron taller. El premio de la tarjeta de la ferretería era un 20 % en un artículo caro; lo bajamos a un juego de tornillos. El ultramarinos dejó de escribir a quien no había comprado en seis meses. La asociación pagó la mesa de noticias de septiembre, cuando salió la norma de terrazas, y cada local decidió por su acera.